También conocido como Yayo o Cangrejo, Eduardo Jurado Peralta fundó y administró Diva Nicotina, donde organizó e impulsó artistas y bandas. Masa Crítica Guayaquil le agradece por su activismo a favor del uso de la bicicleta.

Guayaquil perdió a uno de los gestores más importantes de la música local. Eduardo Jurado Peralta murió a causa del coronavirus el pasado 18 de enero.

Eduardo no solo ayudó a decenas de bandas en sus inicios en la música, también fue activista del ciclismo urbano en la ciudad. Gran parte de su vida usó la bicicleta como medio transporte en la urbe y era común toparse con él durante sus rutas diarias y en los eventos de Masa Crítica Guayaquil.

Eduardo siempre apostó por la movilización no contaminante. Su bicicleta más recordada era una ‘panadera’ de gran tamaño, que pintó de varios colores. Aunque no pertenecía a ningún grupo de ciclistas urbanos, en ocasiones se unía a uno de estos en las tradicionales salidas nocturnas que realizan por Guayaquil.

El guayaquileño, que tenía 51 años, fue uno de los fundadores de Diva Nicotina, uno de los bares más conocidos de la ciudad. Su lema allí y en otros lugares que administró, siempre fue: música inédita y nada de covers.

Impulsó el jazz, el rock, el punk, incluso otras artes como la danza y la fotografía, que tuvieron cabida dentro de este lugar, adecuado en una antigua casa de madera de 1913.

¡Gracias Eduardo! Aquí lo recordamos en una rodada de 2014 (Imagen tomada del Facebook de Henry Jurado)

Eduardo, Yayo o Cangrejo, como también se lo conocía, dejó de ser parte de Diva Nicotina en 2012. Después tuvo Beer House en la Zona Rosa, y nunca dejó de vender sus amados puros La Clementina, en bares, ferias y otros establecimientos.

Su esposa Alejandra Intriago dijo en una entrevista a El Universo que se sintió reconfortada al leer todos los mensajes de los amigos de Eduardo, al enterarse de su fallecimiento.

Mucha gente lo recuerda por sus historias contadas tras la barra de Diva, por los encuentros en bicicleta, por las salidas a fumar un puro, o por su amabilidad, por los incontables conciertos que ayudó a organizar.

En una entrevista de 2008 contó que su primer trabajo fue en la ferretería de su familia, luego fue visitador médico y gerente de ventas de una filial de llantas. Después siguió su amor por la música y los habanos, y fundó el bar, ubicado en el escalón 10 del cerro Santa Ana.

El colectivo ciudadano Masa Crítica Guayaquil lo recuerda durante nuestras actividades, rodando siempre en busca de una ciudad más abierta, amigable y culta.

¡Hasta siempre, Cangrejo!

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