Ante las restricciones de movilidad, algunos propietarios de vehículos privados han cuestionado que se permita la circulación del transporte público, porque aseguran que es foco de infección de coronavirus. Sin embargo, los estudios indican que no es así.

Que en los autos hay más seguridad que en el transporte público, es el argumento que se riega en redes sociales para oponerse a las restricciones vehiculares al transporte privado y estigmatizar al medio que utiliza la mayoría de la población para movilizarse.

Sin embargo, esto no es del todo cierto. El riesgo de contagio de coronavirus está presente en todo tipo de vehículo. Ya dijimos, a inicios de la pandemia, que la bicicleta es el más seguro porque garantiza el aislamiento. Pero no es suficiente, ciclistas deben lavarse las manos antes y después de cada viaje, según un análisis del Banco Mundial.

Contrario a lo que se piensa, la mencionada entidad recoge una investigación en la que se menciona que es probable que en los automóviles se propague más rápido el virus.

“A pesar de la falta de pruebas científicas, algunos gobiernos han hecho un llamamiento para que los ciudadanos eviten utilizar el transporte público y viajen en coche, en bicicleta o se desplacen andando, y los medios de comunicación se han hecho eco de ello, lo que ha repercutido en el comportamiento de los usuarios y en la percepción pública de sentirse en situación de riesgo en espacios públicos, incluido el transporte público”, indicó en una publicación la Asociación Internacional de Transporte Público (UITP, por sus siglas en inglés).

Al contrario de lo que se promulga en redes sociales, “el riesgo de contraer la COVID-19 en el transporte público es muy bajo”, cuando se aplican las medidas recomendadas por las autoridades.

Incluso, la UITP menciona estudios en los que se afirma que la tasa de contagio en el transporte público es mucho más baja de la que se registra en lugares públicos o privados. En Guayaquil, por ejemplo, vimos cómo hubo aglomeraciones en sectores comerciales durante las festividades navideñas, en las que la ciudadanía no usaba mascarilla ni mantenía distanciamiento físico.

“En todo caso, la prueba más clara que demuestra que el transporte público es seguro es la reciente evolución de la demanda de transporte público, que crece lentamente después del confinamiento, en comparación con la tendencia decreciente de nuevos casos de covid detectados en las áreas en las que estos sistemas prestan servicio. De hecho, a pesar del número creciente de casos durante la segunda oleada de la Covid-19 en muchos países, la demanda de transporte público mantiene su tendencia al alza, recuperando la confianza de los pasajeros”, se indica en la publicación.

La organización realiza algunas recomendaciones para seguir fortaleciendo al sistema de transporte público, durante y después de la pandemia:

  • Autoridades y organizaciones de transporte público deben trabajar para responder a la demanda del público
  • Las empresas y centros de estudio pueden establecer horarios escalonados de entrada y salida de su personal, para reducir las aglomeraciones en horas pico
  • El uso de mascarilla, la desinfección de superficies de alto contacto y la ventilación son clave
  • Quienes usen transporte público deben evitar hablar mucho y comer dentro de las unidades

La UITP recogió una tabla de British Medical Journal, donde se detalla el nivel de riesgo que existe en el transporte público, en base a las medidas que se tomen y al comportamiento ciudadano:

Unidades de transporte público en las que se use siempre mascarilla, haya buena ventilación y se reduzcan los gritos, son las que menos riesgo representan, según esta tabla del British Medical Journal

“El transporte público debe ser una prioridad para los responsables políticos en todos los países. Los beneficios económicos, sociales y medioambientales del mismo son indiscutibles y constituyen la base para ciudadanos y ciudades más saludables”, se menciona en la publicación.

“El transporte público es un servicio inclusivo y accesible que puede ser utilizado por todos, independientemente de su situación socioeconómica. Es fundamental tener esto en cuenta, para prestar servicio a las personas y no a los coches“, añade UITP.

Recordemos también que las restricciones vehiculares no solo reducen el riesgo de contagio sino que aportan al medioambiente, siendo la emisión de gases de vehículos, la principal causa de contaminación ambiental. A esto se suma la contaminación auditiva.

“Los bajos niveles de tráfico en las ciudades de todo el mundo representan una magnífica oportunidad para realizar inversiones tácticas rentables, como la asignación de espacios más seguros para el transporte público y la movilidad activa, el establecimiento de carriles bus reservados para garantizar una mejor fiabilidad de los servicios, combatiendo la contaminación mediante restricciones al vehículo privado y otras medidas eficaces para proteger a los ciudadanos”, dice la UITP.

Finalmente, se recuerda que debemos manejarnos por hechos y no por percepciones o publicaciones de redes sociales sin fuentes confiables o sustento científico. “Estudios rigurosos y evidencias empíricas confirman que, cuando se aplican y se cumplen las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias, el transporte público es seguro frente a la covid”, concluyó la UITP.

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